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Desde la Puerta 14, Blog de Carlos Puértolas

La guitarra de Pepe

Escrito por Carlos Puértolas

Viernes, 20 Mayo 2016 15:55
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Al fútbol de 2016 le falta alegría. Entusiasmo. Espontaneidad. Una guitarra, un poco de música y ritmo. El topicazo le ha ganado el pulso a la improvisación y hoy todo huele a matemáticas puras. Pepe Mejías jamás hubiera cuajado en la libreta cuadriculada del 2+2=4, la dieta equilibrada y la sandez frente a los focos. Lo dejó claro en Zaragoza. Este gaditano de ojos achinados y melena al viento era un espíritu libre.

Mejías fue un futbolista genial; un pie fino lejos del hacha y el martillo que perseguía a golpe de coz el fútbol creativo. Nació en Cádiz y su melena rubia llegó a Zaragoza madura, en la edad ideal para evolucionar y revolucionar un equipo campeón de Copa repleto de futbolistas válidos, un Principito y un Señor. Tenía 27 eneros cuando sacó el pasaporte para viajar por la Europa futbolera por primera vez tras años de currito mileurista en el sótano de Primera y Segunda. Zalba pagó un dineral: 34 millones de la época y un Trofeo Carranza por un futbolista capaz. Un tipo con talento para tocar en la misma clave de sol de Rubén Sosa; gaditano y uruguayo formaron una banda irrepetible.

Mejías fue contestatario con el régimen de entonces dirigido, primero por al gran Luis Costa y, después, por Manolo Villanova. Los volvió locos. Cuentan que Villanova le preguntó al llegar al banquillo “Pepe ¿dónde te gustaría jugar? No quiero que me toques los cojones como hacías con Luis” “Pero mira que eres cabrón Manolo”. Ni por esas. El míster le provocaba dejándolo en el banquillo y Mejías respondía antes, durante y después siendo el enlace perfecto entre Señor y Sosa y la mosca impertinente en el vestuario. Hoy uno, otro y otro se guardan un tremendo cariño. Y se lo guardan por algo sencillo: Pepe se enfadaba sin enfadarse. Era tan un buenazo que la fuerza se le iba por la boca y llegó a jugar hasta de portero tres minutos, en el Santiago Bernabéu por expulsión de Cedrún.

El pasaporte de Mejías colecciona muescas de muchos rincones de Europa. Aquel Real Zaragoza llegó a las semifinales de la Copa de la UEFA cuando la UEFA se escribía con mayúsculas. Tumbó a la Roma de Ancelotti en una de las noches más mágicas de la anciana Romareda. Remontó el 2-0 del Olímpico y se la jugó en penaltis. Mejías anotó la segunda pena máxima en la tanda y un gol vital en Bulgaria, en cuartos de final, contra el Vitosha. Y cayó ante un Ajax superior. La máquina de Cruyff la engrasaban quienes después reinarían Europa. Pepe cuenta que en la siesta previa al partido de aquel Ajax en Zaragoza caía el diluvio universal. Costa le visitó en la habitación para insinuarle que si continuaba el cielo así de negro le dejaría en el banquillo y Mejías fue claro: “Si me quieres sacar me sacas y si no pues no ¡pero déjame dormir la siesta!”. Luis se marchó de la habitación enfadado. Horas después Pepe fue titular y el mejor en un pantano tremebundo.

No estaba mucho mejor el campo un 25 de octubre de 1987, cuando la Puerta 14 vivimos la mayor goleada de la historia blanquilla. El Real Zaragoza le ganó por 8 goles a 1 al Sevilla. Mejías saltó al campo como sustituto de Orejuela. Al trote cochinero, sin más ganas ni esfuerzo que el de ver pasar el reloj, le dio tiempo de anotar dos goles en apenas cuatro minutos. El primero un derechazo desde fuera del área, y el segundo un cabezazo celebrado en la valla del Fondo norte.

El mismo Fondo le homenajeó un año después. Mejías, castigado por su entrenador en el Murcia no salió ni un solo minuto para jugar pero sí para recibir una tremenda ovación y una Virgen del Pilar en reconocimiento a su paso por Zaragoza: “¡Mejías, Mejías!”

Pepe se había ganado el respeto de La Romareda y, también, de toda Zaragoza. Todavía cuenta cuando puso la Universidad patas arriba al hacer una fusión cultural entre la voz de un estudiante jotero y su guitarra andaluza en plena charla formativa.

Dice que se fue pronto y quizá se equivocó. Pero él era Mejías, para lo bueno y para lo malo.

Un poco antes jugó en Zaragoza un poeta que salvó su vida de milagro. Hoy habla en verso: Don Jorge Valdano. Pero eso ya es otra historia

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