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La opinión de Carlos Puértolas

Palabra de Andoni

Escrito por Carlos Puértolas

Miércoles, 13 Abril 2016 17:17
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Andoni Cedrún está indultado en la puerta 14. Sí, es un tipo con bula casi papal. ¿Por qué? La historia es sencilla y corta: tanto como once palabras. Todo ocurrió una tarde oscura en el Carlos Belmonte cuando un bote traicionero, un efecto bandido y la luna albaceteña provocaron un error grosero del bueno de Andoni, quien en aquel partido vestía pantalón largo y la coordinación de un elefante.

Dolido, maldijo su fallo junto a la red manchega con sus manoplas sobre la cabeza mientras un puñado de compañeros protestaban al linier un inexistente fuera de juego. El Real Zaragoza perdió por 2-1. En sala de prensa Andoni le echó testiculina al micrófono: "Sinceramente ha sido una tragada y una cagada que mejor olvidar". Ante tal acto de sinceridad, de bemoles delante de los focos, decidimos perdonarle todo.

Cedrún, como Romay, tiene aspecto de grandullón bonachón; la antítesis del futbolista vanidoso y egocéntrico de estos tiempos. Vasco de Vizcaya campechano y alto como una jirafa habla a través de un diccionario sin gomina ni brillantina; el de Durango es un tipo alejado de excentricidades. Nos conquistó a base de carisma, palabras llanas y algún paradón como la que hizo al aragonés Salva en la final copera del 94.

Grumete en la última gabarra, la cúpula del Palacio de Ibaigane decidió apostar por Zubizarreta y ceder a Cedrún al Cádiz. Después, en 1984 y sin sitio en San Mamés el hijo de Carmelo fichaba por el Real Zaragoza y pocos imaginaban entonces la repercusión de este hijo de leyenda en un club necesitado de nuevos referentes. Dos años después Andoni ganó la Copa del 86 junto a un Principito que comió pan tumaca con salsa azul y grana por encima: Rubén Sosa.

Porque el palmarés deportivo de Andoni siempre tiene ese epíteto junto a su nombre: "Junto a...". Primero junto a Rubén Sosa, después junto a un equipo irrepetible al que él aportaba carisma a pesar de ser la pata sin barniz de un mueble de museo. No era un gran portero bajo palos, ni con los pies, ni por arriba a pesar de su altura, sino un meta cumplidor con algunas luces y unas cuantas sombras azul oscuras. Ante eso Andoni siempre tenía una palabra clave que inflamaba la Puerta 14 y La Romareda. Sangre, sudor y lágrimas por el escudo del león.

El 10 de mayo pero de 1987, en el Bernabéu un sangriento Cedrún tras un golpe accidental con la rodilla del entonces enemigo Miguel Pardeza rogaba entre balbuceos volver al césped. "Por favor Doctor, un minuto ¡¡¡Por favor Doctor!!!". El no tan viejo Kabir Nana y el Doctor Villanueva abortaban a base de gasas la hemorragia en su frente. Antes, Pardeza le había marcado dos goles. El propio Miguel visitó a un Andoni tumbado en camilla horas después del golpe. Con un tremendo vendaje digno de la batalla del Ebro más que de un partido de fútbol recordaba lo ocurrido con un micrófono de la SER y una cámara de TVE grabándolo todo. Diálogo de ascensor de dos rivales que semanas después se convertirían en amigos tras el viaje del ratón de la Quinta de París (y del Buitre) por la A-2.

Sudor en el Camp Nou y no vestido de zaragocista sino de portero del Logroñés. Con sus últimas manoplas puestas y una pintura bajo el ojo digna de Toro Sentado en batalla contra el General Custer. En el árido desierto del Camp Nou Andoni sudó lo indecible para que el Logroñés sólo encajara ocho goles y no 68 ante un Barça en versión western. Paradas de toda clase y condición a Popescu, Ronaldo y De la Peña en la última visita riojana al templo culé. Al final Vitor Baia felicitó personalmente a un Andoni gigantesco, quien humilde y bonachón le señaló el marcador y según cuenta las hemerotecas se llevó también un autógrafo de Ronaldo el gordo y bueno.

Lágrimas la noche previa a la cenita de París. Juanmi era el titular de aquel equipo pero una lesión le apartó el arco francés. Entre spaguetti, coca cola y charla de Víctor, Andoni supo que el elegido para jugar en el Parque de los Príncipes era él. Una vez más estaba en el sitio adecuado en momento adecuado. Tras un partido sobrio y sin errores Andoni se proclamó campeón y cambió su camiseta por la de un futbolista del Ársenal. "Es para mi hermano", dijo. #GenerosoAndoni.

Los más románticos se acordarán de la noche ante la Roma cuando paró penaltis y salvó al equipo del caos y de algunas tardes más. Fueron cientos de partidos y media vida de buenas palabras y blocajes para crecer y tener un palmarés envidiable. Cedrún es único y si no existiese alguien debería inventarlo.

Andoni no era canterano pero sí uno de los nuestros. Sobre fútbol base y filiales plumillas que no han subido a la Ciudad Deportiva en su vida han desperdiciado litros de tinta. Recuerdo cuando en La Romareda jugó la triple V nacida en el Deportivo Aragón: Virgilio, Vizcaíno y Villarroya. Pero eso ya es otra historia.

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