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La opinión de Carlos Puértolas

Made in Ciudad Deportiva

Escrito por Carlos Puértolas

Jueves, 21 Abril 2016 11:54
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Francisco Javier Pérez Villarroya marcó el primer gol que vi desde la Puerta 14. 11 de marzo de 1989, La Romareda. Yo sumaba seis julios (camino de siete) cuando el 10 de aquel equipo aprovechó un rebote y, con un espaldarazo magnífico, batió a Buyo. De aquel gol me acordaré toda la vida a pesar de acabar 1-4 ante un Real Madrid imbuido en su maravillosa Quinta del Buitre. Aragonés de cuna, Villarroya había formado parte de un Deportivo Aragón que militó en 1985 donde ahora bucea la primera plantilla. Junto a Virgilio y Juan Vizcaíno formó parte de la triple V, un titular barato en un tiempo en el tráfico entre filial y Primera División circulaba con permanente semáforo verde. Que se lo digan a Narcis o Narciso Juliá. O a Pablo Alfaro. O a muchos más.

Villarroya fue mundialista y titular del Real Madrid, Vizcaíno internacional y campeón de Liga con el Atlético y Virgilio no tanto, aunque sí habitual en Primera con Lleida y Compostela. Aquella Ciudad Deportiva era un vivero de peloteros y guerrilleros, de currantes y futbolistas de calidad válidos para jugar en la elite. Aquí o allí. Un futbolista criado en la Carretera de Valencia tenía postín. Estaba plenamente preparado para jugar en Primera. 

Hoy no lo sé. Cuento con los dedos de las manos aquellos nombres de casa por los que se ha apostado de verdad en los últimos veinte años. Zapater, Ander Herrera, Lafita, Cani y poquito más, y casi todos con una realidad labrada entre pitos blanquillos y palmas lejos de La Romareda. Jugar en la Ciudad Deportiva ya no es prioridad para los muchachos que corretean sobre césped artificial. Los que jugábamos sobre tierra soñábamos con dar la cara en césped (natural) ante el Real Zaragoza infantil y cadete, con jugar 80 minutos en el campo anexo al del primer equipo y fantasear que un día podríamos estar por allí con la Balay y la Pikolín sobre el ombligo. Repito, hoy lo desconozco.

Algunos con Solans, más en el segundo tiempo del pérfido Agapito y, también, después con la Fundación futboleros infames han vestido ropa zaragocista. Patas de palo carcomido merecedores de un harapo y no una camiseta que jamás soñaron con vestir delante del exigente paladar de la Puerta 14. La lista es eterna. Cualquier pollito de la Ciudad Deportiva hubiera merecido una oportunidad antes que muchos sobrinos de un representante hábil. Y no hablo de quienes por H o por B no cuajaron en el club como Mondragón, Peternac, Pier o Berti sino de Marco Pérez, de Bienvenu, Juárez, Songo'o o N´Daw. Y de muchos más.

Un dirigente del Leganés en la grada del campo de Santa Ana, en Sariñena, me tildó a muchos representantes como traficantes de carne. Comisionistas que colocan como pueden al muchacho dependiendo de las necesidades del dirigente de turno, la labia del tendero y la cara B de la cinta de cassette. Mientras el talento o el no talento se pasa de maduro en el filial y el juvenil. Porque ni mucho menos todos valen, ni la mitad, ni siquiera la cuarta parte, hoy quizá ninguno. Pero sí merecen una oportunidad a coste cero y un mínimo margen de error para que la cantada por debajo de las piernas una tarde de sol no sea definitiva.

Zaragoza tiene poca paciencia con lo suyo. Es uno de los males del ADN aragonés; lo de fuera siempre parece mejor que lo parido en la tierra. "¿Para qué vamos a poner a Moso si tenemos a Fulanín que viene del Rennes de turno, o del Barcelona de Guayaquil?", pensaron muchos. O a Javi Peña, Zaparaín, Cabrero o Juanjo García Granero. O mil más. 

Cada nuevo dirigente en Eduardo Ibarra anuncia entre flashes su apuesta por la cantera. Se lo oí al gallego que traía un modelo mixto como panacea antes de salir por patas a su tierra. Se lo oí a Pitarch, a Poschner, a Jiménez y a todo el que ha lucido palmito con un mínimo poder de decisión. Hoy está Juliá, quien programa una metamorfosis kafkiana para que, dentro de unos años, algún sujeto como él pueda llevar el brazalete, o como Cuartero, Belsué, Zapater y Ánder. Y el madridista Vallejo. Juliá sabe de eso. Mucho.

Hoy el filial navega como puede en una Tercera aragonesa de perfil bajo. Una liga baratita en la que reina con merecimiento el Andorra sin Endesa. Y el juvenil de División de Honor ha finalizado quinto, en un año más que digno. Miren, comparen y si encuentran algo mejor cómprenlo; pero primero miren.
No era canterano pero sí pelotero excepcional un Don Juan con apellido imponente: Juan Señor. Pero eso ya es otra historia.

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