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DESDE LA PUERTA 14, BLOG DE CARLOS PUÉRTOLAS

"Sin ni una duda, Paco"

Escrito por Carlos Puértolas

Miércoles, 09 Mayo 2018 12:58
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Antic en el Real Zaragoza
Antic en el Real Zaragoza

Cuentan que Radomir, como Michael Robinson, no habla español perfecto porque no quiere. Porque no le da la gana. Porque ese deje tan rematadamente balcánico en las ondas, como a Robinson lo guiri, le aporta una firma personal que le ha dado de comer desde que un día cambió los banquillos por el micrófono. Rado dice “sin ninguna duda Paco” y muchos ríen. Rado mal habla y muchos le escuchan. Incluso le llaman maestro y profe. Confieso que jamás me hizo gracia. “El Ruso” fue un tipo que llegó dos veces y cambió mucho de lo que había. Demasiado. Esos revolucionarios jamás han sido amigos de la Puerta14.

Messi firmó su contrato en la servilleta de Rexach, Zidane en una de Florentino y Antic en la de Manolo Villanova. El serbio jugaba en el Fenerbahce cuando, durante el verano de 1978, el gran Boskov encargó fichar un zaguero que pudiese jugar por detrás de la defensa. Un líbero. Manolo, trabajador como pocos, viajó al corazón de la antigua Yugoslavia, a Pirot, para ver al mejor de aquellas tierras. Un tal Radomir Antic, astuto y ligero. Tras una copiosa cena junto al pelotero, Manolo y el utillero Chomin le convencieron de venir a Zaragoza.
       

Utilizaron mil y una argucias. Rado pretendía huir de una Turquía inestable. El país había sufrido un golpe de estado militar y, a pesar de ser el mejor jugador de aquella Liga y tener un año más de contrato, decidió morder el anzuelo blanquillo.


Boskov y Antic eran amigos y pronto se entendieron. El míster actuaba como entrenador, padre y amigo. Como confidente e inventor. Tanto que a su compatriota lo reconvirtió de extremo a líbero. La realidad era que Antic valía como todocampista, capaz de jugar en todas las posiciones y marcar goles, el primero, el día de su debut, en La Romareda ante el Celta y con la Liga empezada. Victoria por 2-1 tras un parto de fichaje. El transfer procedente de Turquía no llegó hasta más de un mes después de aquella cena. Los turcos, tercos como ellos solos, no cedieron hasta una reunión en Suiza en la que la pasión se terminó. 

Había debutado un muy buen pelotero. Jugaba el balón con gusto y criterio desde atrás, competitivo e inconformista como cualquier plavi y con puntería para anotar un puñado de goles en aquel equipo de entreguerras. Culto y cuidadoso, Antic se adaptó rápido a Zaragoza, con un diccionario en la mano, Boskov en la otra y sus hijos aprendiendo español en el Colegio Británico de la capital aragonesa.

Arrúa, siempre Arrúa, y Antic formaron un plantel competitivo. Abstemio en aquella época, cuenta cómo Camus le cambiaba el único vaso de vino permitido en las comidas de concentración en Zuera. Camus bebía dos y Antic, agua y más agua. Entabló una relación casi fraternal con su hermano Juan Luis Irazusta, con quien celebraba las victorias a la luz de los vidrios. Irazusta le apodó “El Ruso” y con esa etiqueta se quedó en el vestuario. 
       

Aquel Real Zaragoza compitió con todos. Con todos. No ganó nada pero sí ofreció un regusto de buen fútbol. Al final de aquella temporada Boskov se marchó al Real Zaragoza y Manolo Villanova se hizo cargo de un equipo con Valdano y el ínclito Badiola como novedades principales. Se compró una casa proyectada por un directivo del Real Zaragoza pero en junio y tras una temporada irregular marchó al Luton Town inglés. Prometió volver como entrenador. 

Lo hizo nueve años después. En 1988 de la mano de Miguel Beltrán, Agustín Natalías y, de nuevo, un método revolucionario y, sobre todo, estricto. El licenciado Antic decidió dinamitar parte de lo establecido, apostar por una generación renovada, por peloteros de la comunidad como Belsué o la Triple V: Villarroya, Vizcaíno y Virgilio, Juanito de central, la invención de Glariá como lateral y un segundo con alma de primero: Víctor Fernández. Le salió bien, aunque dejó cadáveres de relumbrón en la cuneta. Aquel equipo perdió a Sirakov por lesión y a pesar de todo, cuajó una excepcional temporada: quintos y billete UEFA cuando la UEFA era la UEFA y no una competición menor. Cuenta Radomir que el grupo se unió en Biescas y no se soltó hasta junio. 


En ese grupo sobraba Señor. El capitán, el referente, el símbolo, el todo de los años anteriores, se enfrentó a Antic tras perder el segundo partido de Liga. Cuenta el míster que, después de la derrota en Pamplona por 3-0, tuvo una reunión con el equipo y llamó la atención a Señor por perder un balón en el centro del campo. El capitán respondió que había salido con toda la ilusión del mundo pero que había tenido mala suerte. Rado le censuró. Dijo a El Periódico de Aragón que la mentalidad española de entonces colocaba excusas y más excusas y que la mala suerte vale para todo. Con Señor la cosa fue a peor. Le cambió de posición, le colocó de libre y le sentó en el banquillo en beneficio de los Pablo Alfaro, Salillas y demás. Señor se quejó del trato humano y protestó enérgicamente las decisiones del serbio a la vista de todos. El cisma era un hecho. 
         

Acabó con Señor y acabó con Cedrún. Radomir quería otro tipo de portero, uno que jugase con los pies, con carácter imperturbable y fichó a un paraguayo loco: José Luis Chilavert, del que ya hablamos en la Puerta 14. Desterró a Cedrún de casi todo. Incluso le hizo viajar a Madrid y volver solo en el autobús, a favor de un Chilavert menos noble y más pillo. Movió los cimientos hasta que casi cayeran. Porque también chocó con el presidente Zalba. Al último mandatario electo le gustaba intervenir en todo. Fichó peruanos sin interés aparente y llevó al Real Zaragoza de pretemporada a México para, según Antic, lucirlo en alguna fiesta por fincas de amigos y de amigas. En lo deportivo, el Real Zaragoza viajó por Europa y sólo el Hamburgo, con un arbitraje infame, acabó con el sueño UEFA. 

A final de temporada Mendoza le tentó y se marchó al Bernabéu para no volver como entrenador. Rado sigue visitando Zaragoza de vez en cuando, la Basílica del Pilar y las calles de Zaragoza. Un tipo especial y listo que no tiene acento del Ebro porque no le da la gana.
 

Especial era el único pichichi de la historia del Real Zaragoza en Primera: Juan Roberto Seminario. Pero eso ya es otra historia.

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