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El último berrido, el blog de Pedro Bellido

Recuerdos de Cani

Escrito por Pedro Bellido

Jueves, 07 Julio 2016 20:44
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Cani durante la presentación | Dani Marzo

Pues ya está aquí. Rubén ha vuelto a casa. Las 5.000 personas que había hoy en La Romareda para recibirle confirman que o Torrero se había quedado vacío por la tarde o es legión el zaragocismo que cree en el fútbol de Cani. Aun a fuerza de ser tocapelotas, les recuerdo que no siempre fue así.Dos anécdotas futbolísticas (de otras hay mil) viven desde hace mucho tiempo en mi memoria con Cani. Las dos visten su personalidad. Las dos tienen que ver con las finales de Copa del Rey que jugó Rubén con el Real Zaragoza, en Montjuic y en Madrid. Una es muy feliz, la otra menos.

Barcelona, hotel Catalonia, cinco de la tarde. Bajando ya hacia el campo a cumplir los engorrosos trámites de las acreditaciones de prensa, el ascensor se abre por error y por sorpresa en la planta del equipo. A pesar del armario ropero de seguridad que guarda la puerta, al fotógrafo Jaime Galindo y a mí nos da tiempo a ver a Cani persiguiendo a Galletti a toda velocidad a por el pasillo. Los dos como locos. Los dos como chiquillos. Poseídos. Sin camisetas y despelotados, pero de la risa.

Para cuando el armario nos empuja hacia el interior del ascensor, Galindo y yo nos miramos incrédulos. ¿Estos tíos van a jugar una final en cuatro horas? Huelga decir lo que pasó después. ¿Premonición? ¿Casualidad? Rubén terminó ese día expulsado, Galletti marcó el gol del triunfo. Y Rubén, desatado de alegría, dijo la famosa frase que al día siguiente dio la vuelta a España: “Si perdemos me cuelgan en la plaza del Pilar”.

Madrid, hotel Puerta América. Varios periodistas nos estamos tomando unas cervezas a precio de angulas en el hotel de concentración del Real Zaragoza antes de la final de Copa ante el Espanyol. Suena el teléfono. Atiendo incrédulo. Me acerco a Galindo y le susurro: “Nadie del club va a buscar a Rubén a la concentración de la selección para traerle aquí. Me acaba de llamar para ver si le podemos ir a buscar. Agarra la cámara y vamos”.

Después de una temporada mágica, con la actuación memorable del 6-1 al Real Madrid como cima absoluta, Luis Aragonés había convocado a Rubén para unas sesiones tácticas previas al Mundial de Alemania. Por increíble que parezca, en el Zaragoza nadie entiende que ha de ir a buscarle al hotel Meliá Barajas. Le esperamos en el hall. Cuando bajan todos los internacionales, le damos un abrazo y me dice al oído: “Voy al Mundial, pero ni se te ocurra contarlo”. La indescriptible alegría que siento por él se bate en mi cabeza con la oportunidad profesional de dar una noticia de impacto. Como siempre, la amistad le gana a la profesión.

El Zaragoza perdió aquella final y Cani la terminó con un esguince de tobillo cercano a la fractura. El dolor de la derrota se mezcló con la amargura personal de no formar parte de la selección nacional que acudió a aquél Mundial. Rubén ya nunca estuvo tan cerca de ser internacional, y en un perfil más bajo, el que escribe ya nunca estuvo tan cerca de dar una noticia… Hoy, Rubén, eres internacionalmente cojonudo por volver a nuestro equipo. Así que déjame que cuente al fin lo que nunca me dejaste contar. La gente se merece saberlo. Y tú, que lo sepa.

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