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La opinión de Pedro Bellido

El clásico aragonés, un profeta del instante

Escrito por Pedro Bellido

Martes, 09 Febrero 2016 18:26
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Qué contento está el clásico aragonés después de la victoria del sábado. En siete minutos pasó de querer matar a Ángel cuando falló el penalti –“lo ha tirado como un esgarramantas, que es lo que es”, me dijo- a esperarle a la salida del partido para pedirle un autógrafo. “Eres el mejor, maño. Ya se lo decía yo a éste durante todo el partido”.

Sí, amigos, sí. Ser un profeta del instante nunca desgasta al clásico aragonés. Soporta el calor y el frío mejor que los maceros del Ayuntamiento. Ahora mira a lontananza y los partidos contra el Córdoba y el Osasuna le parecen de chiste. “Les pasaremos por encima”, me lleva dos días diciendo.  Ya sabe que un empate o una derrota serán suficientes para cuajarle el ánimo, pero el clásico aragonés, después de una victoria, tiene más fuerza que una medida de la Virgen del Pilar.

Pasar de verlo todo negro al ascenso directo es un rasgo muy característico. Y si no que se lo digan al pobre Dorca, que ahora ha caído en desgracia por hacer lo mismo que lleva haciendo desde que llegó: ser un volante discreto y dado al equilibrio. Pero antes era un genio y ahora tiene muy difícil dar el pregón. Casi lo mismo que Manolo Jiménez. Porque aquí de la jota al llanto siempre se ha pasado igual de fácil que del clarete al tinto en una comunión.

En este tobogán de sensaciones externas se seguirá jugando el Real Zaragoza regresar a su sitio natural. Harán bien técnico y jugadores en recordar el pasado más inmediato del club. Los clásicos que rodean al equipo son siempre los mismos, un bucle infinito tras cada derrota, empate o victoria. Basta con que jueguen un poquico mejor al fútbol y se pongan orejeras. Ya se las quitarán para el “ya te lo decía yo, mocé”. Así fue siempre y así será.

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El Desmarque