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Don Erre que erre 

Escrito por Pedro Bellido

Miércoles, 07 Septiembre 2016 21:30
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Zapater en acción durante un partido (Foto: Dani Marzo)

Puede que el fútbol no le deba 257 pesetas a Alberto Zapater ni que un día tenga que ir a reclamarlas al Banco Universal. Pero si alguien se decidiera a hacer un ‘remake’ del personaje de Rodrigo de Quesada encarnado en  1970 por el magnífico Paco Martínez Soria, bien podría pensar en el futbolista ejeano para el papel. Pocas veces, acaso ninguna, se vivió en Aragón con tanto sentimiento que un paisano llevara tan a gala las virtudes de un buen aragonés: nobleza y tesón. Que rima con cabezón. 

De entre muchas, dos imágenes guardo en mi cabeza de Alberto Zapater: una, la del niño tierno y duro como una roca que apenas se dejó hacer una foto en el banquillo del Sigma Olomouc, allá en la República Checa; y dos, la del hombre hundido que lloró su marcha del Real Zaragoza en la habitación de hotel de este experiodista en Navaleno. Entre esas y la del gol gritado a fuego y rabia el pasado domingo ante el Huesca se conforma el perfil del nuevo Zapater. ¿Nuevo? 

Un hombre que no evoluciona no tiene futuro. Salvo en hombres excepcionales. En pocas cosas ha cambiado la forma de pensar de Zapater. Ser futbolista profesional es un trabajo privilegiado que hay que honrar al máximo. Discreción, culto al cuerpo y respeto. En el momento de trabajar se trabaja. Y en el momento de no trabajar se descansa, que viene a ser seguir trabajando. Si eso es ser un bicho raro, Alberto es un bicho raro. Que además habla muy fuerte y sigue pensando y haciendo lo mismo que cuando tenía 19 años. Un bicho muy raro. 

Si un juvenil utiliza el teléfono móvil mientras pedalea en una bicicleta estática del gimnasio se le reconviene amigablemente. Si un compañero llega a entrenarse sin dormir aunque sea a una sesión de recuperación en pretemporada se le advierte alto y claro en medio del vestuario. 

Rodrigo de Quesada, Alberto Zapater. Uno removió cielo y tierra para recuperar sus 257 pesetas y dejar embarazada a su mujer a los cincuenta y tantos. El otro se propuso volver a ser futbolista y devolver al Real Zaragoza a Primera División. Primera cuestión, conseguida. Falta meter la segunda, don Alberto que Alberto.

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El Desmarque