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El último berrido, el blog de Pedro Bellido

Pablo Díaz, el campeón (no) olvidado

Escrito por Pedro Bellido

Jueves, 17 Marzo 2016 20:28
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Los 17 de marzo, día de la exaltación zaragocista de Montjuic (esto en la previa de Semana Santa viene al pelo), me viene a la cabeza una de las personas y una de las anécdotas que guardo con más cariño de aquella final: la lesión (sin jugar) de Pablo Díaz Stalla.

Producto de la cantera del Sporting de Gijón, Pablo jugó 303 partidos en Primera División. Desde la temporada 98/99, 146 de ellos vistiendo la camiseta del Real Zaragoza, con quien también jugó 31 en Segunda. Jugador de entrenadores, verdad irrefutable en el siguiente dato, en 315 de esos partidos fue titular y terminó 283, Pablo no pertenece a la memoria colectiva de los grandes jugadores del Real Zaragoza. Pero a su manera lo fue.

Internacional sub-19 y sub-21 con un Sporting mágico al que defendió en la UEFA, en el Real Zaragoza Pablo fue titularísimo con Chechu Rojo la temporada que el Real Zaragoza soñó con la Liga, titularísimo campeón de Copa en el 2001 y titularísimo en el descenso y ascenso de 2002 y 2003. Al año siguiente, momento al que pertenece esta anécdota, no pudo jugar ni un solo partido. La gravísima lesión de rodilla que motivó su retirada prematura no se lo permitió.

Recuerdo a Pablo en la concentración del castillo de Peralada, vestido de corto, saboreando cada segundo de sus últimos momentos de vida profesional. Donde otros veíamos el fin, él veía la traca final.  De toda la desbordante ilusión que nació durante esos días y explotó en Montjuic, Pablo fue en Barcelona un motor de inyección. Una de las espitas que convirtió un partido perdido en la historia soñada. El tipo que más hizo creer a su inseparable César Láinez que quizás, en la prórroga, le iba a sacar a Zidane la mano más alucinante de su carrera.

Pablo se lesionó en la vuelta olímpica de Montjuic. Se torció el tobillo y apenas pudo terminar en pie la celebración en el campo. “En la final del 2001 me sacan la segunda amarilla y me expulsan por sacar mal de banda, y en esta me lesiono sin jugar. Mañana no voy a poder entrenarme, explícaselo a Muñoz”, me decía divertido mientras volvíamos en taxi al hotel, a una de esas horas que conviene no recordar. Pero sí conviene recordar a Pablo. Un tipo extraordinario. El campeón (no) olvidado.

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