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La única vía de escape es la presión alta

Cuando el balón quema

Escrito por Jorge Oto

Lunes, 03 Octubre 2016 12:11
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Luis Milla, en un partido | Dani Marzo

El Real Zaragoza no es un equipo de posesión. No dispone de los jugadores necesarios para ello. De ahí que sea el rival quien, habitualmente, mantenga el balón durante más tiempo en su poder. Claro que el equipo aragonés tampoco está confeccionado para el contragolpe. Ni mucho menos abundan los futbolistas rápidos y tampoco los capaces de enlazar con ellos. Tampoco el sistema de contención está tan desarrollado que permite robar con cierta facilidad y, a partir de ahí, buscar a los puntas o, como era el plan inicial, con los costados.

Entonces, ¿a qué juega el Real Zaragoza? Quizá sería más certero cuestionarse a qué puede jugar. La actual nómina de jugadores y sus características, así como lo acaecido en las primeras jornadas, invitan a pensar que la única vía de escape es la presión alta. Cuando el Zaragoza adelantó la línea de presión, como en Lugo y en fases de otros encuentros como el del pasado sábado ante el Córdoba, el resultado siempre fue satisfactorio. Pero la calidad física de la plantilla zaragocista tampoco le permite extender durante mucho tiempo el notable esfuerzo que requiere un plan así.ç

Lo idóneo, pues, sería combinar esa opción con la capacidad para tener el balón y, lo más importante, saber qué hacer con él. Esa es, precisamente, la madre del cordero. En el Zaragoza actual el balón quema y demasiados futbolistas lo consideran un objeto peligroso del que hay que desprenderse a la mayor brevedad para no meterse en un lío gordo. Unos lo hacen en largo, casi siempre desde atrás y con escaso acierto, otros lo hacen en horizontal sin correr riesgos pero ralentizando en demasía la transición y otros, más capaces, están presos de su propia inseguridad y falta de confianza. El resultado es demoledor: el Zaragoza ni sabe a lo que juega ni a lo que no, el sempiterno problema de identidad de los últimos años. De la capacidad de Milla, del perfil del sustituto de Wilk y de la personalidad de futbolistas llamados a desterrar la cobardía depende el futuro.

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