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El técnico debe volver a ser un abanderado de la lógica

Agné, en la encrucijada

Escrito por Jorge Oto

Martes, 29 Noviembre 2016 12:41
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Raúl Agné (Foto: Dani Marzo).

De Raúl Agné se había ensalzado su normalidad, la lógica aplastante que aplicaba en todas sus decisiones, una idea clara de fútbol y una notable capacidad de transmisión y comunicación a propios y ajenos. El entrenador de Mequinenza consiguió dotar de carácter, intensidad, sacrificio, espíritu y alma a un equipo pusilánime y sin fe. Casi inerte. El Zaragoza no solo estaba mejor que con Milla, sino que era mejor. Y creo que todavía lo es, a pesar del zarandeo del Reus cuando más se imponía una victoria no solo para escalar en la clasificación, sino también en confianza.

Debería aprender Agné del sopapo. Porque le provocó un daño considerable también a él debido a los errores que cometió en la gestión del choque. La  primera crítica severa al técnico llega justo cuando dejó de aplicar esa lógica aplastante que bendecía todas sus acciones preliminares. No es amjgo Agné de mover más de una pieza para cubrir una baja. No lo había hecho hasta ahora. Tampoco en Getafe, donde apostó por Bagnack para suplir al lesionado Silva. Pero, frente al Reus, el entrenador optó por un doble movimiento y la suplencia del camerunés, que había estado bien en Getafe hasta aquel  error garrafal que supuso la pérdida de un punto. Así que Agné, como ya hiciera Milla en Sevilla en otro error flagrante, decidió ubicar a José Enrique junto a Cabrera y rescatar a Casado para el lateral izquierdo. La decisión no parecía propia de un técnico tan poco dado a concesiones y juegos malabares. Suponía, por un lado, señalar a Bagnack, por otro abocaba al equipo a jugar con dos centrales zurdos y tres efectivos de pierna izquierda en el cuarteto defensivo, con la consiguiente dificultad en la salida de balón y la excesiva basculación hacia ese lado. Y, por otro, dejaba al Zaragoza sin uno de sus escasos aspectos diferenciales respecto al resto. Porque José Enrique es el mejor lateral izquierdo de la categoría y, sin él en su sitio, el Zaragoza es más vulgar.

Así que el error y mal partido de Casado el pasado sábado sitúan a Agné en la encrucijada. ¿Seguir con José Enrique en el centro de la defensa, devolver la titularidad a Bagnack o tirar de Guti o Zalaya? La disyuntiva no es sencilla de resolver. Optar por el camerunés supondría el tercer movimiento consecutivo para suplir a Silva, volver a señalar a un futbolista –esta vez Casado—y dejar claro que no se tiene nada claro. Por el contrario, mantener la misma retaguardia que ante el Reus abocaría al conjunto aragonés a seguir desnivelado, a volver a ser frágil en los costados y a juntar dos zurdos en el eje y el lateral reconvertido como central derecho. Otra incongruencia.

Crecen los partidarios de Zalaya, titular en las selecciones inferiores, pero, también zurdo, parece partir con pocas opciones. Quizá sería más coherente ofrecer la oportunidad a Guti, diestro él, y puntal básico de la gran temporada del filial. El caso es que, por sus propios bandazos, Agné duda y, con él, lo hace un equipo inseguro ávido de liderazgo y firmeza procedentes del banquillo. Agné debe volver a ser Agné. Un abanderado de la lógica.

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El Desmarque