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Pues que entrene Juliá

Escrito por Jorge Oto

Lunes, 23 Enero 2017 10:55
Narcís Juliá durante una rueda de prensa (Foto: Dani Marzo).
Narcís Juliá durante una rueda de prensa (Foto: Dani Marzo).

Asoma ya la figura de César Láinez en el horizonte para heredar las riendas del Real Zaragoza y convertirse en el tercer entrenador de la temporada. El zaragozano es el elegido por la directiva blanquilla, que ya no cree en Agné. La opción es arriesgada, ante la nula experiencia de Láinez en los banquillos más allá de las dos temporadas que acumula al frente del filial, pero es barata y cuenta con el beneplácito de la consejería del área deportiva. Aunque este último aspecto convendría ponerlo en cuarentena a tenor del acierto mostrado en anteriores decisiones.

El caso es que todo apunta a que Láinez acabará, tarde o temprano, en el banquillo del primer equipo si es que Agné no consigue revertir la dramática situación actual, con el equipo más cerca de Segunda B que del play off, con tres derrotas consecutivas sin haber anotado un solo gol y, lo que es peor, la sensación de no ser capaz de ganar a nadie. Para seguir, el técnico de Mequinenza debería, ante todo, rescatar aquella normalidad que abanderó a su llegada. Agné lo hizo muy bien cuando aplicó la lógica, pero desterró la coherencia y con ella se esfumaron los resultados y su crédito. El cambio en la portería, las idas y venidas de Bagnack de central o lateral o unos cambios incomprensibles mostraron un técnico desnortado que, al igual que otros predecesores suyos en el cargo, se perdió cuando dejó de ser coherente. Debe de ser el cierzo…

Si bien es cierto que Agné ha hecho méritos de sobra para situarse él solito ante la picota, el técnico no es el único culpable de la enésima crisis que azota al Zaragoza y que enerva al zaragocismo. La Romareda ya señala a lo más alto y prepara una protesta masiva contra la gestión deportiva, nefasta desde la llegada de la fundación al poder. Iribarren, Cuartero y Juliá acaparan las críticas de una masa social víctima de un eterno sofoco.  

Mientras, en una pretendida huida hacia delante, la dirección deportiva se apresura a fichar, lo que evidencia una nefasta planificación en verano. Refuerzos deprisa y corriendo para tratar de cubrir las numerosas carencias de una plantilla discreta, sí, pero bastante mejor de lo que dice la clasificación. El marrón se las trae y no parece justo que Láinez, que está realizando una buena labor en el filial, deba asumir ahora una responsabilidad envenenada con mucho a perder y poco que ganar. Quizá sería mejor dejar al excancerbero donde está, que acabe la campaña  en el Aragón e intente al ascenso. Si alguien ha de asumir este desafío quizá debería ser Juliá, que, por cierto, tiene experiencia en los banquillos. No sería la primera vez que un director deportivo asume ese puesto –Osasuna es el último ejemplo--.

Si alguien debe dar un paso al frente, ese tiene que ser Juliá. Él diseñó la plantilla, él eligió a Agné y él debe rendir cuentas. Sería  decirle algo así como “ahí tienes lo que has creado, a ver qué sabes hacer”. Pero, con más de 20 fichajes y tres entrenadores en poco más de un año, no parece factible que el club le entregue ahora el equipo a una persona en la que parece haber dejado de confiar por su mala gestión en los despachos, pero que, no lo olvidemos, también ha hecho cosas buenas como  asumir, si le dejan, la reestructuración de la Ciudad Deportiva con la vuelta de figuras muy válidas como Ramón Lozano o Ángel Espinosa, cuyo futuro quizá podría estar ligado también al del director deportivo.

Y eso sí que sería peligroso. Porque cualquier atisbo de esperanza en la regeneración pasa por obligar a los de arriba a que miren hacia abajo.

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El Desmarque