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El blog de Jorge Oto

Sin derecho a la rendición

Escrito por Jorge Oto

Lunes, 22 Febrero 2016 20:50
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Tiene el zaragocismo todo el derecho del mundo a tener miedo. Miedo a no conseguirlo, a volver a fracasar y que el futuro sea todavía más negro. Una última década plagada de disgustos, decepciones y frustraciones le lleva a desconfiar, a recelar de unos y otros, a pensar que lo bueno se acabará pronto y que lo malo volverá. Pánico al miedo.

Quizá por eso, el punto obtenido el domingo en Pamplona ha sido interpretado como un paso atrás. Un pobre botín cuando hay tanto por recuperar y el nuevo Zaragoza parecía invulnerable. Y un paso demasiado pequeño para la larga distancia que le separa de una gloria que no puede esperar más. Pero convendría tener claro que los ocho puntos respecto al segundo clasificado son menos de tres partidos y que restan todavía 16 por jugar, es decir, casi 50 puntos. No tiene sentido, pues, dejarse llevar por el derrotismo y perder de vista a los dos primeros. Siete puntos de nueve en el tramo más difícil del calendario otorgan motivos para conservar el optimismo, pero son las sensaciones del equipo la que obligan más a creer. Porque el Zaragoza, por fin, sabe a lo que juega. Dispone de un plan y deja constancia cada fin de semana de ser un equipo trabajado en todos los sentidos. Tiene calidad y es consciente de sus carencias, como la inferioridad respecto a Osasuna en el combate cuerpo a cuerpo beneficiado por la permisividad de un árbitro nefasto. Por eso Carreras trató de hacerle frente a base de balón y fútbol, apostando por Gil cuando la batalla quizá reclamaba a Diamanka. No salió bien lo del canterano, pero eso no resta un ápice de valentía a la decisión del técnico y de mérito a la protección del punto logrado.

Hay tiempo, hay entrenador, hay equipo y hay motivos. Así que es el turno de La Romareda, obligada a convertir el terreno propio en una guarida inexpugnable. Si el zaragocismo derrocha fe y se convence de que es posible, la distancia no parecerá tan grande ni la empresa tan utópica. Porque, si no se ha rendido en este decenio amargo, no tiene derecho a hacerlo ahora.

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El Desmarque