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El blog de Jorge Oto

Rico y poderoso

Escrito por Jorge Oto

Jueves, 03 Marzo 2016 17:10
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26 de abril del 2015. El Real Zaragoza se juega en La Romareda gran parte de sus aspiraciones de acceder a los play off. Para ello debe ganar imperiosamente al Numancia y asaltar la sexta plaza hasta entonces en poder de la Ponferradina, a la que rendiría visita una semana después. A escasos cinco minutos del final, Diego Rico accede al campo en lugar de Jaime –autor del tanto que, a la postre, dio el triunfo a los aragoneses—y un considerable sector de su afición lo recibe con silbidos, improperios y algún que otro insulto. El Zaragoza gana, pero Rico, un chaval procedente de la cantera, queda marcado.

Domingo, 28 de febrero del 2016. Diego Rico provoca dos expulsiones del Lugo y vuelve a ser clave en una victoria que mantiene a los zaragocistas en la lucha por todo. Ni rastro de aquellos silbidos. De hecho, el burgalés se ha ganado hace tiempo a pulso el aplauso unánime de todos los sectores del zaragocismo. Y lo ha hecho a base de pundonor, sacrificio, alma y corazón.

Rico venció donde la mayoría cae. Aquella tarde de abril se hubiera llevado por delante a cualquiera: canterano o foráneo, joven o veterano, bueno o peor. Porque la severidad de La Romareda no entiende de condiciones. Que le pregunten a Cani. O a Higuera. O que los más veteranos recuerden cómo la sufrió Lapetra. Y muchos claudican, abandonan, se rinden. Solo los más fuertes se reponen. Ahora, revertir la situación y convertir el grito en aplauso solo está al alcance de unos pocos.

Rico es uno de ellos. Pocos dudaban de su concurso el pasado domingo a pesar del lastre de un tobillo maltrecho. Porque el lateral entiende el fútbol como la vida: una lucha constante. Por eso no se le escucha ni una queja. Ni siquiera aquella tarde en la que los suyos le negaron. Cuando otros habrían bajado la cabeza y mirado para otro lado, él apretó los puños y pregonó a los cuatro vientos que la rendición no era una opción. Es una cuestión de respeto: hacia la afición, hacia este juego, hacia la vida y, sobre todo, hacia uno mismo.

La Romareda abraza a Rico porque él se lo ha ganado. Hay quien admite que aquella tarde se equivocó al silbar a uno de los suyos apelando a que, con sus errores, el canterano siempre dio la cara. Los hay que defienden aquellos silbidos y los consideran, de hecho, claves en la transformación del futbolista. Y los hay –también desde la prensa—que se resisten al halago y esperan con la escopeta preparada para volver a la carga.

Seguramente, Rico no está entre los mejores laterales de la historia del Real Zaragoza, pero, con 23 años recién cumplidos y un amplio margen de mejora, ha logrado ya lo que muchos no consiguen en toda su carrera: hacerse futbolista. 

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