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Este Real Zaragoza funciona como un ejército

El cambio del cambio

Escrito por Jorge Oto

Lunes, 07 Marzo 2016 18:34
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Minuto 80. El Zaragoza acumula más de media hora con un jugador menos ante un rocoso Alavés. Las piernas pesan, el césped –castigado por la lluvia—no ayuda, el cansancio es evidente y las fuerzas flaquean. El partido agoniza y el rival aprieta sabedor de que puede dejar descolgado casi definitivamente a un rival directo en la lucha por ascender sin previo pago por la promoción y trata de llegar pronto al área zaragocista a base de balones colgados.

Lo intenta partiendo desde el lateral derecho, pero, pronto, tres zaragocistas presionan al jugador que lleva el balón y le obligan a un pase precipitado que desemboca en una bota rival. La jugada no es baladí. Ni por el cómo ni por el cuándo. Ese es el Zaragoza actual: un equipo capaz de presionar la salida del balón del oponente a falta de apenas diez minutos y en inferioridad numérica desde hace muchos más. Orden de banquillo, de esas impensables con el anterior inquilino, que parecía incapaz de distinguir entre un achique y un repliegue.

Mendizorroza ofreció una nueva evidencia de que el equipo aragonés es otro. Hace falta carácter para puntuar en un campo tan complicado, frente a obstáculos tan elevados como los que tuvo que salvar el Zaragoza. Lo hizo a base de casta, pundonor, alma y corazón, ingredientes básicos para cualquier aspirante y de los que se adolecía hace nada.

El domingo estuvo mal Culio, inseguro Herrera, impreciso Ángel e intrascendente Pedro, pero este equipo funciona como un ejército que, al fin, tiene un sargento al mando. Aquel cambio del cambio llegó tarde pero a tiempo para todo. Si La Romareda no es capaz de soñar ahora, no lo hará nunca. Es su turno. El sábado, frente al Albacete, juega el Zaragoza. Y el zaragocismo.

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El Desmarque