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Cuando juega el Zaragoza

Escrito por Jorge Oto

Miércoles, 20 Septiembre 2017 13:38
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Los blanquillos celebran un gol ante el Granada (Foto: Dani Marzo).

No trate de entenderlo si no lo siente. No busque explicaciones. Ni lo intente. Pero tampoco se atreva a reírse de ello. Limítese a respetar y siga con lo suyo. Si usted no es zaragocista, si no mamó zaragocismo en la cuna, si nunca ha acudido a La Romareda o si no se le eriza el vello cuando escucha hablar del Real Zaragoza, detenga aquí mismo su lectura. No siga. Porque no entenderá nada.

Si lo es, si una derrota le quita el hambre y el sueño y le cambia el carácter, quizá se sienta identificado con un escrito que solo pretende ensalzar un sentimiento, un modo de vida. Porque eso es, precisamente, ser zaragocista. Da igual la edad, el sexo o la condición social. Es el Zaragoza y luego lo demás. El Zaragoza y punto.

No hay cura. Doy fe. De hecho, va a más con el tiempo. Si usted planifica su vida en torno al horario del partido del Zaragoza, si se saltaría si pudiera una boda o una comunión para poder ver el encuentro pero no se atreverá nunca a admitirlo en público, si la vida es bella cuando gana y una porquería con la derrota, si sigue soñando, está usted más vivo que nunca. Y, seguramente, morirá así. No haga caso a desdenes y desconsideraciones. No es mala cosa.

Cuando juega el Zaragoza, se para el mundo. Eso es sagrado. Por eso, el zaragocista es implacable con aquellos que pretenden servirse o sacar provecho de él. Y de esos ha habido bastantes en los últimos años, pero el Zaragoza siempre resiste. Incluso cuando agoniza.

Son tiempos duros, sí. El equipo ocupa puestos de descenso a Segunda B en su quinta temporada en la categoría de plata del fútbol español, una bajeza sin precedentes en la historia moderna. Pero el zaragocista se empeña en ver algo distinto, algo que los demás no aciertan a encontrar. Ve vida. Ve fútbol. Ve al Zaragoza que lleva años añorando, un equipo coraje que sabe lo que hace. Tampoco pedía tanto. El zaragocista solo pretende volver a tener motivos para soñar y para creer.

Porque el fútbol exige el análisis de lo tangible para examinar la solidez de la fe. Y al zaragocista por fin le gusta lo que ve. Es el Zaragoza al fin un equipo reconocible, con laterales largos de los que gustan a La Romareda, un delantero llamado a acudir a la selección absoluta en un par de años o tres, hambre en el vestuario, juventud, calidad y un entrenador que parece tener las cosas claras, sin aspavientos ni menciones a puñetazos en la sala de prensa, ni mensaje frágil. El capitán es de la tierra y el director deportivo también. El primero es sagrado y adorado por la grada y el segundo ha conseguido crear una escuadra ilusionante con el 12º límite salarial de la categoría. 

El camino es largo y acaba de iniciarse. Así que permítame regresar a lo intangible para sugerirle que siga soñando. Se lo merece. Se lo ha ganado. Y disfrute de ese cosquilleo previo al inicio del partido de su Zaragoza. Esa sensación no se la dará ninguna otra cosa. Cierre los ojos y sonría. Mañana juega el Zaragoza.

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El Desmarque