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Entre líneas, el blog de Jorge Oto

León enjaulado

Escrito por Jorge Oto

Miércoles, 27 Septiembre 2017 13:31
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Afición de La Romareda (Foto: Daniel Marzo).

Solo una victoria en seis partidos y la mitad de ellos saldados con derrota. El balance no puede ser bueno, por mucho que las sensaciones se empeñen en adivinar un cielo resplandeciente a corto plazo. El análisis del Zaragoza actual se conjuga más en futuro que en presente, también por parte del aficionado. Buena prueba de ello es lo que se vivió el domingo en La Romareda. Si alguien todavía no es consciente de que el zaragocismo cree en lo que ve, que se atreva a medir los decibelios de los cánticos de la afición en el último tramo del encuentro ante el Nástic. Música celestial.

Pero, en todo caso, y más allá de un Figueroa Vázquez que provocó que servidor pusiera en duda, por primera vez en mi vida, la honorabilidad arbitral, insisto en la necesidad de evaluar por qué el Zaragoza es uno de los dos equipos de la categoría que todavía no ha ganado en casa, lejos pues de aquel fortín que todos los estamentos del club señalan como factor esencial para soñar.

El Zaragoza hace muchas cosas bien pero también alguna mal. La Romareda sabe de esto, cree que lo bueno llegará más pronto que tarde y asume con estoicismo el coste de un peaje obligado ante una nueva reestructuración profunda de su plantilla. La fe también alcanza al entrenador, un currante de los que gustan al zaragocismo, cansado de predicadores, cobardes e inventos exóticos. Se valora a Natxo González pero, en casa, el Zaragoza transmite la sensación de ser todavía un león enjaulado.

Basta un repaso a las últimas actuaciones del equipo para comprobar que su mejor rendimiento como local ha sido cuando ha recurrido a la presión alta. Así destrozó en Copa al Granada, al que también mereció ganar en Liga. La salida del balón del rival también fue atacada con fiereza en Córdoba, donde el Zaragoza consiguió la única victoria del campeonato. La medida implica un desgaste masivo pero da la sensación de que el equipo se siente más a gusto con delantero y mediapunta lanzados a la yugular de la retaguardia contraria, la defensa más adelantada y el centro del campo saliendo a presionar en lugar de bascular.

Natxo, en cambio, está optando por seleccionar la presión en casa y no mantenerla en el tiempo. El Zaragoza muerde cuando el meta rival tiene el balón, en los primeros minutos o justo después de marcar y eso permite al contrario llevar la iniciativa y mirar de tú a tú a un oponente que, en su feudo, debería ser inabordable.

Porque, de momento, la única manada está en la grada. La Romareda sí da miedo y, por eso, convendría liberar de una vez al león y mandarlo directo a la presa. Solo si los visitantes comienzan a asumir que La Romareda es territorio sagrado, el Zaragoza se hará fuerte. Solo si la fiera marca territorio desde el inicio, sus víctimas asumirán que están perdidas. 

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