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Directivo histórico en tres etapas brillantes del club

Javier Paricio, 'El Grande'

Escrito por Chesus Santamaría

Lunes, 19 Diciembre 2016 13:41
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Javier Paricio, tras Los Magníficos , con gafas oscuras (Foto: Archivo Ángel Aznar)

Repudiaba los hoteles modernos que no tenían el hall grande. Solo llevaba paragüas de estilo londinense con mango de madera. Elegía como nadie la prenda a utilizar según la ocasión y el clima. Campari con soda para el aperitivo y Coñac XO para la sobremesa. Jugaba al golf cuando era un deporte desconocido para la mayoría y corría rallyes internacionales como copiloto de Alfonso Solans padre. Leía diariamente seis periódicos y ocupaba en ellos las primeras tres horas de la mañana. Recorría el mundo en avión cuando volar era un privilegio reservado a unos pocos y le enseñó a beber combinados al mismísimo duque de Westminster cuando Los Magníficos visitaron el estadio del West Ham en 1965. Excelente catador de carnes rojas: “Le falta cámara”, apuntaba normalmente. Amigo de los mejores restauradores del país y con unas relaciones magníficas en el mundo empresarial y futbolístico. Pasaba grandes temporadas en Zarauz compartiendo charlas de fútbol con Ángel Villar y Javier Clemente. No se perdía ni un partido del Manchester United para ver a su querido Ander. Ese era Javier Paricio, apodado ‘El Grande’ por los jugadores más famosos de la historia zaragocista.

Sus 194 centímetros no pasaban desapercibidos en la Zaragoza de la posguerra. No había mucho tiempo para el deporte en aquellos tiempos. Javier Paricio me enseñaba una foto que colgaba de las paredes de La Soga (sociedad gastronómica de postín) en la que formaba como jugador de un equipo de fútbol en el que el portero era el también desaparecido, Arturo Beltrán. Waldo Marco lo reclutó para estar a su lado con Los Magníficos. Estaba en el día a día del equipo y le tocaba lidiar en la lucha de egos que había en esa plantilla. Por un lado, la cuadrilla de los Sebago –conocidos así por la exclusiva marca de zapatos que usaban- liderada por Villa y Lapetra, y por otro, la que comandaba Paco Santamaría.

Allí fue cogiendo una experiencia que no quiso desperdiciar Miguel Beltrán cuando se hizo cargo del Zaragoza y lo incluyó en su junta directiva como vocal, formando, probablemente, el equipo directivo más importante del club. De esa gestión salió el germen del equipo de la Recopa con la contratación de hombres como Víctor Fernández, Pardeza e Higuera.

Su gran amistad con Alfonso Solans padre hizo que le acompañara cuando compró el club en la conversión a Sociedad Anónima Deportiva. Fue su director general y formó tándem con Pedro Herrera para ir armando un equipo campeón. Uno proponía y el otro negociaba. Famosos eran sus enfrentamientos con los agentes, el más sonado con su amigo Vekic. Recuerdo cómo me contó el fichaje de Savo Milosevic: “Herrera me dijo que había un jugador muy bueno en el Aston Vila, que se había peleado con la afición y que tenía que salir de allí. Nos pusimos manos a la obra. Había muchos equipos detrás de él, así que agarré a Pedro del brazo y me lo llevé a Madrid, cogimos un vuelo a Belgrado y lo atamos cara a cara con él”.

Descubrió la posibilidad de adquirir el pabellón de la CAZAR y hoy es el edificio que alberga las oficinas del club, vendido hace un año al Grupo Plaza 14 para intentar relanzar la maltrecha economía de la entidad. Zaragocista de corazón y de carnet. Amigo de sus amigos. Un hombre de códigos en el fútbol. Se nos fue el domingo a los 82 años. Hasta siempre, Javier. Descansa en Paz.

 

 

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