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Libre y directo, el blog de Óscar Marco

El respeto al escudo no se negocia

Escrito por Óscar Marco

Sábado, 11 Junio 2016 12:59
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Aficionada zaragocista en Palamós | LFP

Una semana después del bochornoso partido de Palamós, sigo en estado de shock sin entender nada de lo sucedido contra el Llagostera. O lo que es peor, con la confirmación de que algo ha sucedido en el último mes en el Real Zaragoza y que nadie nos lo va a contar. Vaya por delante que pienso que los mayores culpables de todos son los futbolistas. Ellos, los protagonistas sobre el césped, protagonizaron la página más vergonzosa de la historia reciente del conjunto aragonés. Nada justifica su indolencia, su falta de orgullo, la ausencia del más mínimo sentimiento hacia un escudo que no merecía semejante deshonra. Creo, sinceramente, que ninguno de los presentes en Palamós merece volver a vestir la camiseta del Real Zaragoza. Ninguno. Empezando por el portero y terminando por el último convocado.

Sé que es impopular lo que voy a decir, pero el único que ha estado a la altura del oprobio es Lluís Carreras. El técnico catalán reconoció su incapacidad, dijo adiós y se marchó, un detalle a agradecer en alguien que, como él mismo dejó entrever, ha hecho muy poco para ser, sentirse y merecer estar en el banquillo de La Romareda. Pues ni una letra más, Carreras, el Real Zaragoza era tu oportunidad y no la has sabido aprovechar.

De la directiva qué voy a contar. Sin decirlo, en su foro interno los consejeros siempre han creído que se terminaría ascendiendo. Habían dibujado el escenario en Segunda para la próxima temporada, asegurando la viabilidad a corto plazo del club, pero casi por obligación. En conversaciones privadas, dejaban escapar el “este año sí” soñando con los millonarios ingresos televisivos de la Primera División. Ahora la película es otra, el Real Zaragoza necesita oxígeno económico, más de 6 millones de euros para ´pasado mañana´ y la solicitud de ayuda al Ayuntamiento en forma de estadio ha caído en saco roto. La solución, aceptar la llegada de un inversor, con cara y ojos, que dote de músculo financiero a las maltrechas arcas del club.

Quiero acabar con Narciso Juliá, el hombre que a día de hoy representa la esperanza de la afición. Se le ha perdonado su error en la contratación de Lluís Carreras, más por su pasado zaragocista que por su eterna petición de un proyecto a medio plazo. El discurso de Juliá, más o menos vacío según la exigencia con la que se escuche, gusta, pero no es menos cierto que es la hora del director deportivo. Hay que exigirle que acierte con el entrenador y con un buen puñado de jugadores que devuelvan la ilusión a los zaragocistas. Ya sabemos que sale al mercado con menos que dinero que muchos, así que yo, si se me permite el atrevimiento, le pediré que todos los que vengan sepan y valoren que van a defender el escudo del Real Zaragoza, un club con 84 años de historia, ganador de 6 Copas del Rey, 1 Copa de Ferias y 1 Recopa. Ya sé que con el palmarés no se gana, pero sí que es obligatorio que todos estén a la altura de que el club que van a representar. Eso no se negocia.

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El Desmarque