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El jugador aragonés nos regaló una de las imágenes de la temporada

La vuelta del icono Zapater

Escrito por Dani Marzo (@Marzo_s)

Lunes, 05 Septiembre 2016 19:43
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Alberto Zapater en su anterior etapa

Alberto Zapater es un zaragocista especial desde el mismo día que se vistió por primera vez la camiseta del Real Zaragoza. El ejeano, con su cerrado acento aragonés y su inconmensurable sentimiento por el escudo del león representó desde el primer momento al aficionado que veía en el un zaragocista más, pero esta vez, sobre el césped. Por eso, su despedida años atrás fue sentida como el partir más doloroso, posiblemente de la historia del club, algo así como vivir la pérdida del miembro más querido de la comunidad. Por eso, su vuelta logró reavivar la llama del sentimiento zaragocista cercana a la extinción tras la debacle de Palamós.

Y es que Zapater no es un futbolista del Real Zaragoza más, él es el icono del zaragocismo. Así, en su presentación, las gradas de La Romareda se poblaron de aficionados que volvieron a cantar emocionados el “Zapater te quiero”. Y él, siempre humilde, tan solo prometió lo que mejor sabe hacer, trabajar para volver a hacer grande al Real Zaragoza. Porque además, al aragonés le acompañan dos cosas que le hacen todavía más especial. Por una parte, la espontaneidad de quien no tiene nada que esconder y por otra, una expresión corporal que acaba de desnudar el sentir de la persona que se esconde tras el futbolista uniformado.

No es de extrañar pues, que Zapater sea foco de atención para los medios cada vez que vuelve a pisar el césped de La Romareda. Por su forma de jugar y portando además el brazalete de capitán, no se puede escapar ni un solo movimiento del centrocampista. El ancla, que no solo viste la blanquilla por sentimiento, sino que además, se ha convertido en apenas unos meses en el recuerdo del jugador que fue, en pieza fundamental en el esquema de Luis Milla. Pese a su edad, pese a que el físico puede que ya no le acompañe, pero su corazón sigue siendo grande como para ocupar una inmensa parcela en el centro del campo del Real Zaragoza.

Ayer le tocó sufrir. La SD Huesca se plantó bien y desde el inicio mostró que el derbi aragonés no iba a ser nada fácil para los blanquillos. Zapater lo sabía y se sintió incómodo por momentos, tapado en la salida, sin contacto con el balón durante demasiado tiempo. Pero lo mejor todavía estaba por llegar. Se hizo esperar. Fue tras un córner y varios rechaces cuando Jorge Casado conseguía romper la sólida muralla oscense. Era el gol y entonces, la locura.

El lateral echaba a correr golpeándose el pecho en muestra de que de alguna manera, se había quitado un peso de encima. Sucedía justo frente a al sector en el que una decena de fotógrafos esperábamos lo que en ese momento se decidía a pasar. Mientras unos centraban sus miradas en el autor del gol y su celebración, otros quedábamos atrapados por la pasión de Zapater. Justo delante de nosotros, tanto que resultaba imposible enfocar bien, se producía la que posiblemente sea la imagen de la temporada. Alberto Zapater se desataba, en una celebración que iba más allá del gol y que servía para borrar el recuerdo de los últimos dos años en los que el fútbol le había castigado con dureza. El ejeano volvía a sentir el rugido de La Romareda y el devolvía el aliento con la furia del león.

No hubo duda en que aquella era la imagen que debía ilustrar la victoria del Real Zaragoza en el derbi aragonés. Mientras los focos de La Romareda se empezaban a apagar y tan solo el grupo de aficionados de la SD Huesca permanecían en el campo, editaba una foto que quedará para la historia. Para entonces, los compañeros de Espíritu Deportivo, en la persona de Juan Vegas, andaban quemando las redes con la foto -captada por ambos- que ya es icónica. Ardieron mis redes sociales una vez compartida la crónica, así que no quiero imaginar como estarían las suyas, porque la foto; la mía, la suya o la de cualquiera de los que estábamos allí, se ha convertido en el símbolo de este Real Zaragoza. Del equipo que se deja la piel en el campo desde el minuto uno y hasta el noventa, y que como sucediera en la última temporada del ascenso, vuelve a tener en Alberto Zapater al hombre por el que pasan todos los balones y también, el que desata las pasiones. Ha vuelto el incono Zapater.

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